Disfrutar de las Cosas Simples

SOBRE SEMANA SANTA Y LOS HUEVOS DE PASCUA

Una de las fiestas mas importantes del cristianismo es la celebración de La Pascua. Para los creyentes es un período de introspección y profunda espiritualidad, para los no creyentes es una oportunidad para pasar tiempo con la familia, viajar, descansar; para todos y, en especial los niños, es la época en la que llega el conejo de pascuas con los tan esperados huevos de chocolate.

Una semana antes, como mínimo, las vidrieras de algunos locales y supermercados empiezan a exponer una gran diversidad de figuras de chocolate; conejos y pollitos son los más populares pero siempre la estrella son los huevos de pascuas.

Por si alguno no lo sabe, los huevos son un símbolo asociado con la fertilidad, y ya que la Pascua en Europa coincide con la época primaveral, en algún momento se estableció una relación entre ambos y arrancó la tradición de intercambiar huevos. Claro, no siempre fueron de chocolate, pero que desde aquí le llegue mi agradecimiento y admiración a quién haya tenido tan brillante idea.

SOBRE LA MAGIA Y LA CAPACIDAD DE SORPRESA

Cuando era chica con mi familia solíamos viajar a la ciudad de Neuquén a pasar Pascuas a la casa de tía Betty y la abuela Rosa. La casa tiene una puerta frontal que da a la calle y una lateral que va hacia el jardín. Al salir por la puerta lateral te encontrás con un juego de mesa y sillas de jardín de hierro pintado de blanco con sus típicos almohadones de lona, y en frente la pared que da al vecino cubierta completamente por el enamorado del muro. Doblás a la izquierda y seguís el caminito que en su trayecto hacia el fondo divide el patio en dos. A cada lado encontrás macetas con diferentes plantas, a la izquierda tenés un galponcito y a la derecha un laurel de flor, un pino piñonero, un árbol de mandarinas. Seguís derecho y te encontrás con un espacio rectangular tapizado de césped, plantas rodeando todo el borde y un frondoso árbol proveyendo la tan necesaria sombra para los días de calor.

Recuerdo que cuando llegaba el domingo de Pascua, salíamos con mi hermano menor a este jardín, entusiasmados tras la búsqueda del tesoro, revisando plantas, moviendo hojas, inspeccionando huecos, y encontrando de a poco los tan preciados huevos de pascua.

Éstas eran para mi las cosas mágicas de la pascua, viajar, la disposición de mi tía para esconder los huevos bien temprano por la mañana, y la sorpresa al descubrir lo que éstos escondían en su interior. Porque es eso en realidad, la ilusión. Si, el chocolate es delicioso, no lo voy a negar, pero para mí una barra de chocolate no produce lo mismo que el huevo de chocolate, porque lo emocionante es descubrir lo que esconde dentro, y no importa si son solo algunos confites o algún pequeño juguete, es el hecho de no saber qué hay dentro, la sorpresa.

Toda este relato a modo de introducción viene al caso ya que ayer me encontraba con estas ideas dándome vueltas en la cabeza, y me puse a meditar en cómo los adultos hemos perdido en gran medida la capacidad de sorpresa. Muchas veces se habla sobre “la mirada de niño”, una mirada inocente y llena de ilusión. Una mirada que desconoce lo que hay más allá pero espera que al verlo sea algo genial. Como cuando estábamos por abrir el huevo de chocolate para ver qué encontrábamos adentro.

Así seguí mi hilo mental pascuas-huevos-niñez-sorpresa hasta pensar que en realidad no hemos perdido la capacidad de sorpresa sino que a veces no le prestamos atención y no le damos la importancia que se merece. Y me propuse reafirmar mi capacidad de sorpresa; empecé a recordar cosas que me habían sorprendido en las últimas semanas, por más pequeñas o poco importantes que parezcan y enaltecerlas, aunque sea por un rato. Y hoy quiero compartir dos con ustedes, porque, claro, están documentadas mediante fotografías.

SORPRESA 1

Como en otras ocaciones, agarré la cámara y salí camino a Parque París. Caminando al costado del canal que comunica las dos lagunas del parque, miré a mi derecha y sobre uno de los bordes del canal vi algo que me llamó, la atención. Eran dos figuritas pequeñas que asomaban por encima del borde de cemento del canal, inmóviles. Primero pensé en unas ramas ya que los patos no estarían tan quietos, y como mi vista no es muy buena, agarré la cámara, apunté en dirección de las figuras e hice zoom:

Sorpresa-1-a

Me sonreí y dije en voz alta “naaaaaa“. Caminé hasta uno de los puentes que cruzan el canal para poder ver desde el costado más claramente.

Sorpresa-1-b

Y si. Dos tortugas muy panchas tomando sol a orillas del canal. No tenía ni idea de que hubiera tortugas en ese lugar, y nunca me lo hubiera imaginado. Quizás no parezca mucho, pero no veo tortugas muy de seguido así que para mí fue una inesperada y curiosa sorpresa.

Sorpresa-1-c

SORPRESA 2

Un fin de semana, salimos a caminar con Fermín. Hacía rato queríamos ir a ver un lugar que queda cerca del departamento. Salimos, cruzamos la autopista y luego las vías del tren a través del puente de la estación de Las Rozas, caminamos poco más de 5 minutos en dirección a Madrid y de pronto la calle ya no estaba pavimentada, el camino se transformó en huella, de a poco las casas desaparecieron y se abrió el paisaje ante nosotros. Una pradera que se extiende hasta donde se pierde la vista, a lo lejos la línea de casas, y en lontananza la Sierra de Guadarrama.

Sorpresa-2-a

Qué lindo ver que uno está inmerso en la ciudad pero puede caminar unos minutos y dejar que la vista se pierda en el horizonte, sin edificios que lo obstaculicen o transformen. Por más que se trate de un paisaje transformado, de cierto modo recordar lo finitos que somos, lo vasto del mundo.

Sorpresa-2-b

De a poco fue cayendo la tarde.

Sorpresa-2-c

Y saqué una de mis fotos favoritas de ese día. La foto que transmite la calma que me transmite ese pequeño prado, a tan solo 5 minutos de casa.

Sorpresa-2-d

Porque después de todo de eso se trata, de sorprenderse con algo pequeño o inusual, de descubrir pequeños tesoros, de encontrar calmos refugios, de compartir una buena charla, de caminar de la mano de alguien que se ama, de hacer reír a otra persona, de hacer reflexionar a quien te lee, en fin, de disfrutar de las cosas simples.

Que tengan una buena semana y ¡¡Felices Pascuas!!

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