Tiempo

¡Wow! Han pasado más de dos años desde la última publicación. En un simple vistazo no me parecía tanto tiempo, pero si empiezo a revisar todo lo que ha pasado en ese tiempo… pues… de nuevo… wow…

La última vez que estuve por acá les conté que estábamos construyendo un domo geodésico y seguro que más de uno está esperando ver cómo quedó. Pero eso tendrá que esperar, como el domo también tuvo que esperar.

Hace dos años, un día como hoy 26 de Octubre, recibía una noticia de esas que nadie quiere recibir, y el tiempo se detuvo en algunas áreas, y se aceleró en otras. Se detuvo en planes, objetivos, trabajos, y se aceleró en introspección, adaptación, búsqueda, nuevos objetivos.

Hace dos años me encontraba en el consultorio escuchando a mi médico explicándome que tenía Cáncer de Mama. Ese día me fui preocupada pero esperanzada, pensando que hay muchos tratamientos nuevos y que lo habíamos agarrado temprano, estaba convencida de eso, porque soy de las mujeres que se hacen el auto examen de seguido y que visita al médico para hacer todos los controles. Pero unos días después, tras realizarme más estudios, me citaron nuevamente para comunicarme que habían detectado metástasis en varios huesos y se trataba de lo que todos conocemos como un categoría cuatro.

Ese día mi percepción del tiempo cambió. Estaba ahí escuchando, pero al mismo tiempo todo se movía en cámara lenta (hasta los impulsos eléctricos de mis neuronas se movían en cámara lenta). El resto de la consulta transcurrió así, a un tiempo pausado, como dándome tiempo para comprender lo que estaba pasado. Luego nos subimos al auto y nos esperaban dos horas de viaje a casa. En el viaje el tiempo volvió a cambiar, se aceleró como tratando de compensar por el tiempo perdido, ¿vieron la película El Gran Pez?, igualito, mi cabeza iba a toda máquina pensando mil cosas, revisando para atrás, conectando con el presente, proyectando a futuro (¿me estaba permitido proyectar a futuro?), todos esos pensamientos juntos, a toda velocidad, al mismo tiempo.

Al contrario de lo que yo esperaba, los médicos me propusieron un tratamiento suave, es decir una quimioterapia suave, acompañada de un ciclo de radioterapia y una cirugía. Ahora me parece que “propusieron” es una forma graciosa de explicarlo, ya que uno solo puede decir si o no al tratamiento, y hasta ahí llegan las opiniones o sugerencias que puede dar jeje!. Lo positivo es que este tratamiento me posibilita continuar con mi vida de manera casi normal (si casi, obvio, mi vida ya no es la misma claramente pero bueno, me quedo con ese casi). Y acá es donde viene el por qué les estoy contando todo esto.

Tengo que confesar que mi primer instinto fue no hablar mucho sobre esto, de hecho solo le comuniqué mi diagnóstico a un grupo pequeño de personas; familiares cercanos, compañeros de trabajo y amigos de esos que se cuentan con los dedos de la mano. Seguí yendo a trabajar como siempre, de hecho me diagnosticaron un día y al siguiente estaba detrás del mostrador sonriéndole a los clientes. Tenía la idea de que la gente me iba tratar distinto y no quería eso. Hay un instinto, muy humano, de querer continuar con la vida como la conocemos, lo que consideramos “normal” se podría decir, y con el tiempo me di cuenta de que estaba cometiendo un error.

Hace un par de meses escuchaba un programa de radio donde entrevistaban a una psico-oncóloga. Ella hablaba sobre la respuesta que tenemos la personas a la palabra Cáncer, decía que la relacionamos directamente con otra palabra, Muerte. Es decir, una persona escucha cáncer y piensa muerte. ¿Te pasó al leer mi diagnóstico al inicio del post? Y hace años, décadas atrás quizás esa relación tenía mas sentido pero hoy ya ha quedado atrás. Incluso para mi esa relación no es directa, es verdad que mi cáncer no tiene cura, pero si tiene tratamiento, y puedo andar… no; puedo no; pretendo andar dando vueltas por acá durante un buen tiempo.

En la entrevista comentaban que nuestra visión del cáncer está basada en información vieja, basada en los tratamientos y expectativas de vida de hace décadas atrás. Y ojo, no estoy desmereciendo ni minimizando la situación. Pero en la actualidad, si te detectan la enfermedad a tiempo, o si tu caso puede ser tratado con alguno de los nuevos tratamientos, la vida puede avanzar de forma más amena que hace décadas.

No estoy diciendo que atravesar esta enfermedad sea fácil, ni estoy desmereciendo el dolor de aquellos que la han atravesado o perdido a un familiar por ella, claro que no, es una enfermedad que afecta cuerpo y espíritu. De hecho hace algo más de 9 años atrás a mi papá se lo llevaba esta misma enfermedad. Desde que lo diagnosticaron hasta que se nos fue pasaron tan sólo 7 meses. Y a medida que avance el tiempo, tarde o temprano la que se va a ir voy a ser yo.

Pero no todos los casos son así. En este tiempo pude conocer muchas personas que están atravesando por lo mismo, en las salas de espera, esperando para realizarme algún estudio o en en la sala de quimio, y para todos es distinto, incluso para algunos que llevan el mismo tratamiento, cada uno responde de manera especial, única, porque nosotros somos únicos.

Pero me estoy yendo de tema, a lo quiero llegar es que al escuchar esta entrevista no pude dejar de pensar que mi intención de no hablar sobre lo que me pasaba era un acto egoísta. Si, egoísta. Porque al no compartir información sobre mi manera de atravesar esta enfermedad estoy contribuyendo a que esa conexión cáncer-muerte no se rompa. Y si por el contrario, junto el coraje (porque no saben el coraje que tuve que juntar para escribir este post, mientras tipeo se me humedecen los ojos), y elijo abrirme a contar, explicar y compartir, entonces estoy sumando nueva información, para que en vez de la conexión cáncer-muerte nos volquemos a cáncer-esperanza, cáncer-oportunidad, cáncer-lo que sea, pero no muerte.

¿Esperanza? ¿Oportunidad? Se están preguntando mas de uno, algunos incluso con una cara de incredulidad que me haría acordar a Joven con ruleros de Diane Arbus. Y de la forma más irreverente posible les contesto un rotundo Si.

Llegar a esto me llevó tiempo, pero he llegado a establecer una relación muy peculiar con mi cáncer. Tenemos una concepción de que tener cáncer es estar en una batalla, que hay que luchar con él. Pero tras unas consultas con un médico antroposófico, y por sugerencia de él, y gracias a él, aprendí a cambiar esta percepción. En vez de luchar, aprendí a convivir con él; al fin y al cabo me va a acompañar durante varios años y una relación de continuo conflicto no puede ser nunca una relación sana. Esto fue muuuy difícil, no hace falta que lo explique. Pero poco a poco fui aprendiendo a entablar una relación más amena, una relación donde el cuerpo me está diciendo cosas, y los tumores me están diciendo cosas, y yo empiezo a estar dispuesta a prestarles atención y escuchar.

Comprendí que lo había asimilado de verdad cuando me di cuenta que empecé a referirme a él como “mi cáncer” (¿lo notaron? ya lo nombre así dos veces en este texto).

No entablé una batalla, guardé las armas del miedo y el dolor, le dije a los ejércitos de la negación y la bronca que se tomaran los próximos años de vacaciones, me puse lo más cómoda posible y con una entrega total, una expresión neutra y la curiosidad de un niño empecé a caminar.

Despojarme del ejército no fue fácil, al principio hicieron bastante resistencia, no se querían tomar las vacaciones, y las armas están siempre ahí, al alcance de la mano, soy yo la que tiene que tomar la decisión de no agarrarlas. Pero descubrí que el camino de volver a dejarse sorprender por la vida es el que me sienta mejor.

Vamos por la vida pensando que vamos a llegar a cumplir los 90, y cuando sabes a ciencia cierta que vas a llegar con suerte a los 45 la perspectiva de… absolutamente todo cambia. Y no necesariamente para peor, sino diferente. El Tiempo, ese es el factor determinante acá, y por eso este post se llama así. Esta enfermedad y muchas otras hacen que pongamos en perspectiva el tiempo que vamos a estar acá. Corto, largo, lento, rápido, aprovechado, desaprovechado, bueno, malo; el adjetivo con que lo acompañemos depende de nosotros.

Lo que intento transmitir, y espero aunque sea acercarme a lograrlo, es esta idea de que para mi, mi enfermedad me hace poner en perspectiva muchas cosas, de una manera innecesariamente violenta, todos coincidimos en eso, pero aún así logra su objetivo. Tenía sectores de mi vida, de mi persona, de mi yo si se quiere, bloqueados, silenciados, y que al encontrarme en esta situación he logrado reconciliar, he logrado levantar la vista, tomar conciencia de lo que me rodea y encontrar algo que se acerca a la idea de paz. No, no vivo en un estado de paz (¡jajaja, ponéle!), pero estoy más cerca de ella que hace tres años atrás.

¿Le estás agradeciendo al cáncer? No. Estoy tomando una situación que podría ser devastadora, la acepto como algo que no puedo cambiar, la tomo como un mensaje, y saco de ella algo que me sirva para crecer. Creo que la actitud que uno tome ante la enfermedad influye directa y avasalladoramente sobre la enfermedad misma. No permito que mi cáncer sea el tema que ocupe mi mente a todas horas, sino que lo convierto en el combustible que me lleve a vivir mi tiempo recortado de vida más amablemente, más pacíficamente, más conscientemente.

No todos los días son un remolino de pensamientos y sensaciones, porque yo activamente no lo permito, porque ya atravesé esa etapa, necesaria si, pero nada más que una etapa. En mi día a día se planifica lo que le corresponde a mi enfermedad, se agendan los tratamientos, se toma la medicación a la hora convenida y el resto del día es mío. Para trabajar con más gusto y menos fastidio (porque agradezco que puedo trabajar); para hacer esas cosas que quería hacer pero siempre eran postergadas (porque ya no tengo tiempo para postergaciones); para seguir creciendo como persona (porque el tiempo no se detuvo, sigue corriendo y hay que aprovecharlo); para disfrutar de las pequeñas cosas, y de las grandes también. Mío para vivirlo.

Lo que estoy diciendo es que si yo atravieso esta experiencia sin aprender nada de ella, entonces todo es en vano. Y sonrío al escribir esto, porque puedo confirmar que no es así, que estoy aprendiendo, que estoy creciendo, que como los nervios responden a impulsos, yo estoy respondiendo. A cada quien le toca vivir pruebas, esta es la mía, y no la rechazo, la acepto, la abrazo, porque es mía.

Lo que quiero transmitir es que si a otra persona le toca vivir una prueba similar, no permita que la conexión instantánea que haga su mente sea cáncer-muerte, que pueda apropiarse de esa prueba que se le impone, la utilice como combustible y la transforme en algo que le resulte útil, y ese algo es específico y único para cada persona, lo tenés que buscar, revolver y encontrar, eso que te haga decir, esto es una mierda pero no voy a quedarme estancado, voy a transformarlo en… y esta parte la completás vos.

Ojo, no estoy diciendo que tengo todas las respuestas, ¿quién las tiene?, lo que hago es contarles mi forma particular de vivir esta experiencia. Y lo comparto porque quizás estas palabras le lleguen a alguien que necesite leerlas.

Justo ayer conocí a una persona extraordinaria, que me dijo algo que necesitaba escuchar para convencerme de publicar este post. Estaba en lo que yo llamo el saloncito de los irradiados esperando para realizarme un centellograma, en frente mío se sentó un señor, al que no creo que se moleste si les cuento lo siguiente. Su diagnóstico era cáncer de próstata con metástasis en un pulmón, le habían dicho que le quedaban tres meses de vida, cuando los superó le dijeron que sólo unos pocos llegan a los cinco años y ninguno supera los diez; él llevaba catorce años de tratamiento y contando. Charlamos durante hora y media mientras yo esperaba mi turno para que me tomen las imágenes. Me contó porciones de su vida, pero lo que más me impresionó es tener en frente y estar hablando tan casualmente con un sobreviviente de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, era un bebé, los rescataron cuando tenía tan sólo tres añitos.

Sus primeros años de vida marcados por algo tan tremendo, hora afrontando nuevamente una prueba muy dura, y ahí estaba él diciéndome que hay que reír, ¡que la vida es hermosa!. Me contó que en sus años de tratamiento conoció a muchas personas, y que a aquellas que sonreían, que se los veía alegres y activos se las seguía encontrando en los consultorios, pero que aquellas que veía cabizbajos, tristes, deprimidos, abatidos, eran los primeros en irse.

No creo que ese encuentro haya sido fortuito, creo que tenía que conocerlo para convencerme de que tenía que animarme a escribir este post y compartirlo, porque como ya he dicho, esta es una enfermedad que ataca cuerpo y espíritu. Porque quizás vos que estás del otro lado, necesites leer esto, o conozcas a alguien que necesite leer esto, porque quizás necesites un recordatorio de que, a pesar de todo, hay que reír porque vida es hermosa.

Y ya finalizando, y como este es un blog de fotografía, tengo que hacer una aclaración en ese aspecto. Ya en otra ocasión me he preguntado ¿por qué tomo fotografías?, y la respuesta es “para encontrar belleza en el mundo”. Parece sencillo pero no lo es. El mundo en qué vivimos en un sitio complicado… pero bello. Y para encontrar belleza en él, uno tiene que indagar sobre la belleza dentro de uno mismo. Y se imaginarán que en este último tiempo me ha costado encontrarla, procesarla y mucho menos exportarla. Agarrar la cámara y salir a tomar fotos me ha costado mucho, no físicamente, emocionalmente; porque las fotografías las tomamos con nuestras emociones y las plasmamos en ellas. Pero ya estoy de vuelta, ya la estoy observando, y quizás con ojos nuevos.

Así que hoy voy a dejarnos con una foto. Si dejarnos, porque la dejo como un mensaje para mi también. Es una foto que sacó Fermín hace tres años. Es una foto mía en un café de Turnov luego de haber pasado todo el día haciendo una de mis actividades favoritas, trekking, en este caso por los bosques del Paraíso Checo. Ahí estoy yo, cansada pero feliz, antes de vivir todo esto, y si pudiera hablarle a la de la foto le diría solo estas palabras que son las mismas que quizás algunos de ustedes también necesiten escuchar en este momento: “tranquila, todo va a estar bien”.

7 comentarios sobre “Tiempo

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  1. Puedo imaginar la enorme dificultad que has tenido a la hora de sentarte frente a una pantalla y comenzar a escribir.

    Escribir para ti, para los demás… Palabras llenas de sentimientos pero sobre todo de vida.

    Gracias por compartirlas. Porque se trata de eso la vida: compartir emociones y sentimientos que le llenan a uno los pulmones del aire más limpio que se pueda imaginar.

    Y sí, leyéndote, y antes de terminar tu escrito, me venían a la memoria gráfica muchas de las fotografías que has ido publicando. Algunas de ellas llenas de pequeños detalles que muestran la belleza del mundo en que vivimos. Y, curiosamente, una sensación de paz alimentaba la idea de decirte algo parecido a lo que escribes al final: sigue adelante, sin prisas ni temores, porque estoy seguro de que todo saldrá bien.

    Gracias de nuevo por compartir sus palabras.

    Un abrazo.
    Rafa.

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  2. Hola ceci realmente sos una guerrera y un ejemplo a seguir. Te admiro mucho.
    Me siento muy orgullosa por vos.
    Quiero que sepas que a pesar de que no nos vemos mucho podes contar conmigo para lo que necesites. Te quiero mucho. Cuidate

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  3. Querida Cecilia! No nos conocemos. Alguien me compartió el enlace y leí, “bebi” cada una de tus palabras, de tu profundísima comunión, que solo puedo resumir en una sola palabra: GRACIAS por este regalo gratuito que recibimos quienes llegamos a ella.
    Es curioso cuando se intenta explicar conceptos como salud o enfermedad. Leyendo, solo se ve una persona con salud plena, frescura, luz, pureza, agradecimiento y reconocimiento a la vida. La enfermedad no se percibe, porque no existe. Estas sana Cecilia, porque tu alma esta cambiando por un proceso de metamorfosis que te hace más bella todavía.
    Me viene la imagen tuya como si fueras arcilla, donde Dios, como un artista, va modelando Su obra de arte. Y con su mirada de Amor infinito, te va moldeando a Su imagen y semejanza.
    Te acompaño. Gracias por tu fortaleza!
    Te abrazo fuerte, Silvia

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